Cuando la roca deja de ser ciencia… y se convierte en deporte

La escalada en roca es una actividad deportiva tradicional que se practica en el medio natural, más concretamente sobre su gea. Y no vale un elemento geológico cualquiera, este debe de reunir ciertas características geomorfológicas, composicionales, estéticas… que lo hagan atractivo para el colectivo de escaladores. Lo que ocurre es que frecuentemente dichas peculiaridades son también interesantes a nivel paisajístico  así como a nivel científico, por lo que será necesaria la conservación de estos enclaves, y frecuentemente se encontrarán bajo alguna figura de protección. Fruto del posible conflicto, parece que se está definiendo un nuevo escenario, en el cual los escaladores forman parte de un grupo de presión sobre el medio natural.

Sobreequipamiento con buriles en la Vía del Compresor en el Cerro Torre (Parque Nacional Los Glaciares, Argentina). Apertura de Cesare Maestri en 1970. [Fuente: www.desnivel.com].

Sobreequipamiento con buriles en la Vía del Compresor en el Cerro Torre (Parque Nacional Los Glaciares, Argentina). Apertura de Cesare Maestri en 1970. [Fuente: www.desnivel.com].

La conservación del medio natural, debido a la íntima relación que guarda con este tipo de actividades deportivas, debería de formar parte de los objetivos de sus aficionados, basándose en el respeto hacia los recursos naturales de los que hace uso, y actuando bajo el criterio de minimización de impacto ambiental. Pero ciertas prácticas aisladas muestran tristemente como no siempre es así. Por ejemplo, el abuso de los medios de protección, instalados de forma permanente en la pared rocosa, es una práctica bastante extendida que tuvo lugar a finales de los sesenta con los pitones  y desde finales de los noventa hasta hoy en día con los parabolt.

Algunos anclajes utilizados en escalada: 1) recuperables tipo friend (abajo) y fisurero (arriba),  2) natural aprovechando un puente de roca, y 3) fijos tipo parabolt. [Autor fotografías: Héctor Sanmiguel Vallelado www.bardalmontana.es].

Algunos anclajes utilizados en escalada: 1) recuperables tipo friend (abajo) y fisurero (arriba), 2) natural aprovechando un puente de roca, y 3) fijos tipo parabolt.
[Autor fotografías: Héctor Sanmiguel Vallelado www.bardalmontana.es].

Varios documentos han declarado la necesidad de compatibilizar la práctica de estas actividades deportivas con la conservación del patrimonio natural de los enclaves montañosos,  y en particular sus elementos geológicos. Como lo han sido las declaraciones de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo, por una parte la pionera Declaración de Katmandú (1982), la cual hacia una llamada a la acción contra la degradación de las montañas a través de una práctica del montañismo respetuosa con el medio ambiente y con las culturas locales. Y por otra parte, la Declaración del Tirol (2002), cuyo lema es leave no trace, que aspira a no dejar huella en las montañas o paredes de escalada en la práctica de estas actividades. Como muestra una de sus máximas, que establece  que las rutas deberán dejarse tan naturales como sea posible confiando en la protección que se puede extraer de la roca utilizando parabolts sólo cuando sea necesario, y atendiendo siempre a las tradiciones locales. En consonancia con la Declaración del Tirol, la Federación de Deportes de Montaña y Escalada de España  redactó en 2005 un documento que proponía una serie de medidas a adoptar por los escaladores en el medio natural, incidiendo especialmente en la minimización de impactos. Una de estas medidas es la utilización de criterios de mínima intervención en la apertura de nuevas vías de escalada, respetando al máximo la morfología y características naturales de la roca en la limpieza de las vías de escalada, y absteniéndose de tallar presas de manera artificial.

Ya en la práctica, son varios los Espacios Naturales Protegidos en España que han procedido a regular la escalada. Uno de ellos es el Parque Natural de Peñalara, en Madrid, en el cual no se permite la realización de taladros ni la colocación de anclajes permanentes, así como el uso de carbonato de magnesio u otros medios químicos para el agarre de manos.  Además la escalada está prohibida en determinados sectores, en algunos de forma temporal por razones de conservación o investigación y en las Zonas de Máxima Reserva de forma permanente. Otro caso es el Parque Natural del Peñón de Ifach, en Alicante, en el cual está autorizada  la escalada en las condiciones que hasta ahora se ha venido desarrollando de manera tradicional, quedando así prohibida la apertura de nuevos itinerarios y existiendo determinadas condiciones para el reequipamiento. Así mismo, los meses de abril, mayo y junio no se permite la escalada en determinadas vías debido a que coincide con la época de  cría del halcón peregrino.

Escalada modalidad clásica en el Peñón de Ifach, dentro del Parque Natural. [Autor fotografía: Héctor Sanmiguel Vallelado www.bardalmontana.es]

Escalada modalidad clásica en el Peñón de Ifach, dentro del Parque Natural. [Autor fotografía: Héctor Sanmiguel Vallelado www.bardalmontana.es]

Con el fin de armonizar la conservación del patrimonio natural con las actividades propias de escaladores y montañeros, una buena iniciativa podría ser su participación en el proceso de elaboración de los planes de gestión de los parques, para así evitar prohibiciones que puedan ser tachadas de sistemáticas, y por otra parte que no quede olvidada la protección del patrimonio geológico en la gestión.

Esta noticia ha sido redactada por Alba Sanmiguel Vallelado, alumna de la asignatura Gestión y conservación del Patrimonio geológico, del 4º curso del Grado de Ciencias Ambientales de la Universidad de León.
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3 respuestas a Cuando la roca deja de ser ciencia… y se convierte en deporte

  1. Inés Fuertes dijo:

    Gracias por la noticia, Alba. Muy interesante.

  2. Sonsoles Reviriego dijo:

    Un artículo muy ilustrativo e informador para lo que no somos “estudiosos” de las ciencias naturales, pero sí curiosos y amantes del patrimonio natural, su conservación y de las actividades (como la escalada) que nos permiten estar en consonancia con éste.
    La última reflexión creo que es muy interesante y acertada, ya que aborda y propone una solución a uno de los problemas sociales más importantes que existe ahora mismo: la enorme separación entre el ciudadano y los órganismos gestores/legisladores.
    Es importante que se creen iniciativas de participación de la opinión popular, en este caso más específicamente de montañeros y escaladores,que tenga cabida a la hora de elaborar planes de gestión de esos lugares, que al fin y al cabo, todos queremos que sean y sigan siendo tan bellos como los hemos conocido y conoceremos.

    • Alba Sanmiguel dijo:

      No podría estar más de acuerdo contigo Sonsoles.
      En ocasiones la normativa derivada de los instrumentos de gestión de los espacios naturales nos parece desligada del componente humano de los mismos, aunque en teoría la participación ciudadana se considera un proceso esencial a la hora de establecer su gestión. Personalmente creo que no hay que perder de vista que el ser humano es un elemento más de estos espacios, especialmente cuando este está ligado de forma tradicional, considerándose parte de esa naturaleza y siendo el primero en querer preservarla.